DIARIO DE UNA AMANECISTA «El idiota»

Querido diario, estoy triste, por María Jesús, no he podido ir a verla al funeral. Porque la benemérita es el primer lugar donde busca…

Estaba yo en la plaza del pueblo hablando de él con doña Inma:

Inma: y bueno, a lo que importa, ¿cómo es con un intelectual?

Yo: pues no sabría decirle…

Inma: pero, el glande, el pijo, la chorra ¿grande?

Yo: ¡Grande!

Inma: ¡entonces sí sabes decirme tonta! ¿y ritmo?

Yo: normal, apasionatto al principio, luego moderatto, assai, assai a tempo, cadencioso y, piano. Algo después y muy sutilmente andante, luego presto, presto con brio, y al final ¡cantabile!

Inma: ¡Cantabile! ¡no pué ser!

Yo: ¡te diré!

Inma: ¡no me jodas! ¿en plan oregonés?

Yo: sí pero por tus cojones.

Inma: ¡dicho así!

Luego Inma se ha ido, porque se le ha puesto la caballería de parto, que ha resultado que no era un parto, si no un crujido de riñones por mala postura, y me ido en zigzag andando cuando oigo a Morencos y al argentino hablando de un libro llamado «El idiota» de un tal Fedor Dostoyeski. Cómo últimamente me siento idiota pues me he acercado:

Yo: hola, buenas, me gustaría leer ese libro.

El argentino: pero si no sos intelectual no podés, ¿no ves que lo lees mal y lo jodés?.

Y Morencos me ha dicho que me fuera a significarme al funeral que la benemérita al no verme ahí ya no saben dónde buscar al criminal. Entonces ha pasado Elena, con esas curvas, la han mirado y al argentino se le han caído los libros, yo he cogido el de «El idiota» porque soy un rato idiota, homicida y además ahora ¡LADRONA!

Total, que me lo he leído. De tirón, ¡Cómo escribía el jodío! Según iba leyendo me iba metiendo más y más en la historia, en las vicisitudes de la Rusia de la época, ¡qué prosa! el  más mínimo adjetivo preciso con su justa coma, actuaba en mí como aguijón de avispa atinada en mi intelecto, picando justo donde nace la curiosidad… despertando saberes, conciencias que yo no sabía que tenía, me he sentido, eso, ignorante a la par que sabía, como algo paradójico y prodigioso a la vez.

Y de repente veo al argentino y Morencos con el Cabo Santo, y mi intelectual… ¡ay oma qué rico! corriendo hacia mí y me increpan, todos menos él, que estaba imponente. De pana iba, pintiparado, ay, ¡qué hombre!

-¡que se ha cargado a Dostoyevski! Dice Morencos

-¿Cómo? Pregunta el cabo

-pues eso, que se lo ha cargado

-imposible- insiste el cabo

-lea, lea.

-pero Kass, ¿ha convertido una obra maestra de la literatura en un musical? Dice el cabo

-sí…un poco- contesto, algo avergonzada.

-¿y cómo lo ha hecho? Dice el cabo

-se lo he advertido, se lo he advertido- dice el argentino.

La cosa, es que desde que leo cosas de intelectuales, como que ya no me da igual un so que un arre… pero él me ha sonreído… piano piano…

6 Respuestas para “DIARIO DE UNA AMANECISTA «El idiota»”

  1. Yo seguiré contando las cosas que me pasan, porque ¿saben ustedes? estar enamorada de un intelectual, siendo, como una es, minoríe étnica, tiene unas peculiaridades de gran valor.

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  2. Cosas de aquí y allá

    Doña Kass, me impresiona usted. Y qué decirle de lo que me cuenta del intelectual!! No le digo más que yendo para casa me ha dado un fogonazo el culo. Yo creo que habrá sido por el apasionamiento; el caso es me ha dejado las bragas de nylon azul hechas unos zorros…

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    • diegomartinmontalvo

      ¡Flush! vistas y no vistas. Tenga cuidado, alma de cántaro en tanto Don Chema abre o no abre el negocio ese de ropa interior ignífuga, que buena falta nos hace.

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    • diegomartinmontalvo

      Por no recordarle el ridículo que puede pasar si tiene un accidente y el personal sanitario la tiene que desnudar para socorrerla: «- mira la tía hortera esta, vaya bragas toas quemás que lleva, teníamo que dejal-la morí por dejá y por guarra». Que esas cosas pasan, todo el mundo lo sabe, pregunte, pregunte por ahí si quiere.

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